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Rezando con los refugiados en África austral: redefiniendo nuestra misión en la vida
01 marzo 2014

Una mujer refugiada sirve una comida en su puesto callejero en Pretoria, Sudáfrica. Si bien muchos refugiados dependen de la ayuda material del Servicio Jesuita a Refugiados, a menudo luchan por ser autosuficientes y se sienten dignos al poder mantener a sus seres queridos. (Patrick Keaveny/JRS).
Johannesburgo, 1 de marzo de 2014 - Una mañana recibí la visita en nuestra oficina de una joven refugiada a quien llamaré Ayan*.

Me había reunido con Ayan antes de volver a mover su caso de ayuda, que quedó paralizado durante algún tiempo por falta de documentación. Esa mañana de octubre, sentí que ella tenía una nueva queja y, sinceramente, yo no quería verla.

Ella vino con su hijo de un año, y cuando llegó a mi oficina, simplemente se sentó y lloró. Le pedí a otra miembro del personal, Molly, que entrase para que hubiera otra mujer presente. Nos sentamos esperando y preguntándonos qué es lo que iba mal para que Ayan llorase en silencio.

Después de unos 20 minutos, Ayan se recompuso y dijo que tenía que ir a una cita en la oficina de un proyecto del JRS. Molly la acompañó.

Reflexionando después, Molly y yo nos dimos cuenta de que Ayan no pretendía presentar una queja contra el JRS. Tal vez ella sólo se sentía abrumada por la inmensidad de los problemas a los que se enfrentaba y por la humillación de tener que pedir continuamente ayuda a los demás. Todo lo que necesitaba era un lugar seguro para dejar sus bienes.

Tu reflexión
Fue un saludable recordatorio de que a pesar de todos los temas a los que nos enfrentamos en el JRS, aún tenemos poder sobre nuestras vidas. Esta sensación de poder es algo que muchos refugiados sólo pueden soñar, cuando por primera vez piden nuestra ayuda. Tener que pedir ayuda es a menudo una experiencia humillante, no importa cuán bien intencionados sean "quienes  ayudan".

Al comienzo del Evangelio según Mateo, Jesús expone su propuesta misionera. Envía a sus discípulos a predicar no entre los gentiles o samaritanos, sino a "las ovejas perdidas de la casa de Israel" (Mateo 10:5-6). Tendemos a olvidar que como  judío, Jesús habría crecido con una identidad y una visión del mundo profundamente judías. Por lo tanto, no hubiera sido extraño que Él hubiera entendido su misión dentro de este contexto.

Vemos como paulatinamente Jesús va llegando a más y más gente en los márgenes de la humanidad. Pero es una mujer cananea, la que brinda a Jesús su propio momento de epifanía. La mujer se Le acerca  pidiéndole que sane a su hija poseída por un demonio. Jesús, al principio no le hace caso, entonces le recuerda cómo entendía Su misión: "No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel" (15: 24). Luego reacciona a su insistencia con la sorprendente afirmación de que "no está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros" (15:26). ¿Sería demasiado acusar de racista este trato al extranjero en la sociedad judía?

La respuesta de la mujer - "¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños" (15:28) - abre los ojos de Jesús, que la ve con una luz diferente, "¡Qué grande es tu fe!" (15:28); y, de hecho, Él, al verla como un ser humano, reevalúa su propia identidad, misión y propósito. Más que cualquier otro incidente del Evangelio, éste sirve, fundamentalmente, para alterar Su misión, abrazar el extranjero y, así, a todas las personas.

Hoy en día, la presencia del extranjero sirve a menudo de espejo a los fundamentos - verdaderos o falsos – sobre los que hemos construido nuestra identidad y sentido de propósito. El hecho de que mujeres anónimas desafíen a Jesús para que reconsidere Sus propias prioridades, nos recuerda que el cristal a través del que vemos el mundo es sólo eso, un cristal. Hay muchas otras maneras de ver y de ser. Es un cambio incómodo, pero que en última instancia nos ayuda a revisar y redefinir nuestra propia misión en la vida.

*El nombre ha sido cambiado por cuestiones de seguridad

David Holdcroft, director del JRS África austral