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Rezando con los refugiados en Kivu del Norte: cantar juntos al Señor
01 septiembre 2014

Desplazados que viven en el campamento de Lubushere ganan algo de dinero vendiendo los productos que han cultivado (Peter Balleis SJ / Servicio Jesuita a Refugiados)
Yo creo que sí, que puedes elevar incluso en un país extranjero un cántico a tu Señor. Cuando te integras, sea donde sea que vayas, cuando las personas desarrollan un espíritu de hospitalidad, allí, sí, puedes cantar a tu Señor.
Masisi, 1 de septiembre de 2014 – El mundo conoce la crisis en Kivu del Norte a través de historias y fotografías. Las diferentes perspectivas que recibimos desde la región no son distorsiones de la realidad, sino un signo de la complejidad de esta crisis.

Muchas personas han abandonado hogares y tierras para salvar sus vidas. En las nuevas áreas, su presencia se percibe a menudo como una fuente de posibles conflictos en el futuro. Las personas desplazadas se ven obligadas a vivir en cualquier lugar abandonado, a trabajar sin un salario justo – a hacer, esencialmente, lo que sea para conseguir comida y sobrevivir. Esta es la difícil realidad que vive a diario la mayoría de los desplazados.

Aquí, en el territorio de Masisi, en Kivu del Norte, es donde he sido recientemente destinado. Soy un sacerdote congoleño de otra zona de la República Democrática del Congo. De acuerdo con los informes de prensa que suelo recibir, vivir aquí parece completamente imposible. En efecto, la vida es un gran desafío, pero Dios puede revelarte cosas nuevas fuera de lo normal: de la vida diaria, del sufrimiento diario, incluso del conflicto diario.

Un día, mientras celebraba la misa durante una festividad, algo extraordinario me llamó la atención. En esa eucaristía estaban reunidos los desplazados internos de los campamentos y la población local. Ambas comunidades tenían diferentes idiomas.

Cuando llegó el momento del agradecimiento después de la comunión, la liturgia congoleña tradicionalmente incluye una canción de alabanza invitando a la gente a dar gracias al Señor. Era una canción en la lengua de la comunidad desplazada y toda la congregación se unió para cantarla y bailarla.

Entonces me vino este salmo a la cabeza: "¿Cómo podíamos cantar un cántico del Señor en tierra extranjera" (Salmos 137: 4). Me di cuenta de que lo que parecía imposible para el salmista, se hizo posible.

Yo creo que sí, que puedes elevar incluso en un país extranjero un cántico a tu Señor. Cuando te integras, sea donde sea que vayas, cuando las personas desarrollan un espíritu de hospitalidad, allí, sí, puedes cantar a tu Señor.

Abramos las puertas de nuestras iglesias a todos. Entonces podremos abrir nuestros corazones y nuestras casas a los demás. Y entonces Dios nos ayudará a encontrar oportunidades de un futuro mejor para todos nosotros.

P. Cyprien Nkoma Kamengwa, director del proyecto de Masisi