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Rezar con los refugiados en Sudáfrica: por qué los católicos deben estar preocupados por la xenofobia
04 mayo 2015

Ciudadanos sudafricanos se concentraron en Johannesburgo en una marcha pacífica contra la xenofobia el pasado 23 de abril, en protesta por los recientes actos de violencia contra los inmigrantes. Manifestaciones similares por la paz tuvieron lugar en Durban, el 16 de abril, y en Pretoria, el 24 de abril (Samson Ogunyemi / Servicio Jesuita a Refugiados).
Pero no basta con simplemente dar la bienvenida una sola vez. La Doctrina Social Católica ve a la persona humana como una respuesta al llamamiento de Dios en relación con los demás.
Johannesburgo, 4 de mayo de 2015 – Ya han pasado tres meses desde que una oleada de saqueos de tiendas propiedad de inmigrantes comenzó en Snake Park, en el área urbana de Soweto, Johannesburgo, y en otras partes del país. La violencia culminó hace dos semanas en Durban con un saldo de cinco muertos, muchos más heridos y unas 2.500 personas desplazadas, que hoy dependen de iglesias, mezquitas y del municipio para sobrevivir.

Las negaciones públicas de algunos líderes políticos y civiles de, incluso apoyándolos tácitamente, los ataques violentos socavan los esfuerzos de muchas personas que tratan de encontrar soluciones a este complejo problema. Una de estas iniciativas fue impulsada por la Ministra de Desarrollo de Pequeños Negocios, Lindiwe Zulu: propuso la creación de un grupo de trabajo para encontrar soluciones a los problemas que surgieron tras los saqueos de Soweto. Por otra parte, han tenido lugar una serie de "mesas redondas" que contaron con la participación activa de propietarios de tiendas de todos los orígenes, refugiados y locales. Asistí a uno de estos encuentros en Centurion, organizado por la agencia de la ONU para los refugiados.

Es importante no subestimar el papel que las pequeñas tiendas spaza desempeñan como fuente de empleo en las comunidades más pobres. En este contexto, algunos de los refugiados y de los grupos de migrantes han creado un exitoso modelo de negocio que les ha permitido mantener su posición frente a la invasión del mercado de las grandes cadenas y centros comerciales. No tiene nada de sorprendente escuchar de los locales que el gobierno no está protegiendo suficientemente los intereses de los sudafricanos.

Al mismo tiempo, hay una gran oposición a usar la palabra x: todo el mundo sabe que la xenofobia es un primo hermano del racismo. En cierto modo, no importa cuál es la etiqueta, pero es importante nombrar al fenómeno como lo que es: ataques dirigidos exclusivamente a tiendas de propiedad de migrantes. A su vez, sin embargo, también hay un reconocimiento de que estos temas son complejos y tienen su génesis no en el odio racial per se, sino en otros contextos: la pobreza, la educación deficiente, la falta de oportunidades y la sensación de privación de derechos de las poblaciones locales.

Es aquí donde creo que la comunidad católica y su Doctrina Social deben hacer una importante y peculiar contribución. De entrada, el impulso primario del catolicismo es ser inclusivo: reconocer que todas las personas han sido creadas a imagen de Dios, dar la bienvenida a todos los recién llegados, sin importar su origen nacional o étnico. La idea fundamental, que tiene sus fuentes en las Escrituras, es que hay que acoger al extranjero.

Pero no basta con simplemente dar la bienvenida una sola vez. La Doctrina Social Católica ve a la persona humana como una respuesta al llamamiento de Dios en relación con los demás. Por lo tanto, parece que es la única contribución que se puede hacer a la comunidad. Si alguien está legítimamente en esa comunidad, como lo están los refugiados, entonces la comunidad tiene la obligación de garantizar que todo el mundo, incluyendo a los refugiados, pueda contribuir adecuadamente.

Está claro que muchos de los refugiados que viven en Sudáfrica aportan habilidades y valores que permiten a sus negocios prosperar en un entorno de creciente competencia. ¿No sería mejor que estos se compartieran; que los grupos empresariales tuvieran la humildad de abrazar a gente de diferentes culturas, que pudieran aportar nuevos enfoques a problemas comunes?

Tu reflexión
En el Antiguo Testamento, Abraham ve a los tres misteriosos visitantes cerca de Mamre no como una competencia o una amenaza, sino como una oportunidad. A pesar de las suspicacias, les acoge en su tienda y pide a Sara que cocine para ellos. Nunca vemos u oímos, explícitamente, quienes son estos extranjeros, pero es por ellos que Abraham recibe la noticia de que Sara concebirá y tendrá descendencia. Es a través de la hospitalidad inicial de Abraham que la identidad religiosa y política de Israel se forma.

Puede que Sudáfrica se enfrente a una situación similar, a la oportunidad de incorporar a los extranjeros entre ellos para que contribuyan a resolver algunos de los problemas que enfrenta el país. Pero necesita católicos comprometidos a ayudar a los que les rodean, a trabajar en las cuestiones legítimas que todos enfrentamos y no dejar de llamarles para que formen parte de la construcción global de la nación desde nuestra fe.

De esta manera, podemos ayudarnos unos a otros a responder al profundo llamado a la hospitalidad, seguros de que, al hacerlo, realmente estamos recuperando esa bendición de Dios que es esa nación llamada Sudáfrica.

David Holdcroft SJ, director del Servicio Jesuita a Refugiados en África austral