Ruanda: una antigua refugiada comparte su historia
27 septiembre 2010

Vestine Musabyemariya
En 1996, regresamos a Ruanda. Recuerdo el profundo miedo que me invadió cuando llegué a nuestra tierra. No podía evitar pensar que la guerra podía volver a estallar de nuevo.
Nací en 1979 en el distrito de Kayonza, en Kabare II, un sector de la Provincia Oriental de Ruanda. En 1994 huí de mi país debido a la guerra. Tras trasladarme a Akagera, crucé a Tanzania con mis padres, un  hermano y dos hermanas. Atrás dejamos a otros dos hermanos: uno en Kigali, el otro en Cyangugu. Ambos huyeron a Congo, pero felizmente, en 1995, pudieron reunirse con nosotros en el campamento de refugiados de Cyabarisa II.

Cuando llegamos al campamento en septiembre de 1994, tenía 15 años. Recuerdo que la agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR) trató de ayudarnos. Nos dieron algunos materiales útiles. Fue un momento duro. Cuando estás fuera de tu país por la guerra no puedes sentirte feliz. En Tanzania la gente no nos trataba con amabilidad. No podíamos buscar trabajo, ni estudiar en sus escuelas. No nos aceptaban.

A principios de 1995, el campamento estaba tan sobrepoblado que el ACNUR lo dividió. En aquel momento, el JRS comenzó a trabajar allí. El JRS nos ofreció educación. Comenzamos a aprender inglés y suahili – en aquel momento no aprendíamos inglés en Ruanda. El JRS nos dio libretas, camisetas y materiales escolares. Recuerdo también una gran biblioteca. Eso nos animaba a estudiar y allí trabajó algún tiempo mi amiga Clementine. Organizábamos partidos y jugábamos a voleibol.

Recuerdo a una Hermana, Jurita de la India, que intentaba consolarnos. Nos enseñó anatomía y cómo cultivar verduras. También le eché una mano a una religosa española, Purificación María, ayudando a los huérfanos y a otros refugiados en diferentes áreas y en traducciones.

Pasamos dos años en el campamento. Cuando el ACNUR y los líderes de Ruanda comenzaron a decir que teníamos que regresar, no les creí y pensé que estaban mintiendo. No podíamos regresar, ¡Había guerra! Ni guardaba buenos sentimientos por mi país y ni sentía que hubiera paz, sino lágrimas y sufrimiento. Y no quería regresar.

Finalmente, en 1996, regresamos a Ruanda. Recuerdo el profundo miedo que me invadió cuando llegué a nuestra tierra. No podía evitar pensar que la guerra podía volver a estallar de nuevo. De hecho, estaba convencida que la guerra volvería antes de acabar mis estudios. Estaba realmente traumatizada por la guerra, de manera que no podía pensar en la paz, me parecía algo imposible. Pero al poco tiempo las cosas cambiaron, vivíamos en paz con aquellos ruandeses que regresaron en el momento en que nosotros huíamos. Ahora vivimos juntos y las relaciones son buenas.

Viví otro momento duro cuando me di cuenta de los que no habían sobrevivido. Perdí a mi tío y a su esposa, a sus dos hijos y otros parientes. Sin embargo, nosotros sobrevivimos. Sentí que Dios nos protegía.

En 1997, comencé a estudiar en Ruanda y terminé mis estudios en 2003. En 2004 me casé y un año después tuvimos gemelos. Hoy, mi esposo trabaja en la Fabrica de Té de Gisovu, en Kibuye, y yo estoy estudiando Trabajo Social en Byumba donde trabajo con el JRS como maestra en la Escuela de Secundaria de Gihembe, en el campamento de refugiados.

En mi trabajo con refugiados intento comunicar que las cosas pueden cambiar de una manera que ni pueden imaginar. Los refugiados piensan a menudo que "la paz es simplemente imposible", pero tienen que saber que el campamento no es su destino. Ahora sé tienes que confiar en tu futuro. Cuando les miro, veo lo que me ocurrió. Pero ahora sé que todo es posible y me siento orgullosa de poder trabajar con ellos. Les deseo que puedan regresar en paz. Todo brota de la paz. No puedes vivir sin ella.

He puesto en palabras mis sentimientos de agradecimiento al JRS:

Quisiera darles las gracias. Ustedes significan mucho para mi. Me han ayudado cuando estaba fuera de mi país, cuando era "una refugiada". Me enseñaron inglés y suahili. Construyeron mi futuro, me ayudaron a formarme y es por eso que estoy bien con mi familia recordando lo que han hecho por mi.

Lo que puedo decirles es también esto:

Dios les bendiga por todo lo que hacen para ayudar a los refugiados en su difícil vida y dándoles una esperanza en su futuro. Dios bendiga a todos los miembros del JRS que lejos de sus familias trabajan con los refugiados en sus dolorosas condiciones. Finalmente, que Dios bendiga a quienes crearon el JRS porque ellos han hecho una gran labor de Dios y creo que Dios les recompensará por toda la ayuda brindada a los refugiados (Mt 5-7).

He descubierto que todo es posible. No tenéis que temer ni sentiros rechazados porque un dia, cercano o lejano, las cosas cambiarán. Cuando estaba fuera de mi país, pensaba que nunca volvería porque jamás habría paz ni felicidad, sólo dolor y lágrimas. Pero cuando ahora he regresado y todo ha cambiado, me siento bien.

Tengo también mi propia familia, un esposo y dos hijos (Jessy y Jerry).Tienen cuatro años y ya van a la guarderia. Estudio Trabajo Social en el Instituto Politécnico de Byumba. Tengo esperanza en mi futuro aunque sé que no hay nada perfecto en este mundo, si lo comparo con mi pasado, ahora estoy bien, sé que Dios tiene un buen plan para mi y así lo creo.

Vestine Musabyemariya
Maestra del JRS de la Escuela de Secundaria del Campamento de Refugiados de Gihembe, Byumba, Ruanda