Burundi: la historia de dignidad y esperanza en el futuro de Pascal
20 marzo 2012

Con apoyo y formación, los refugiados crían cabras y cultivan la tierra en los proyectos de seguridad alimentaria del JRS en las provincias de Rutana y Muyinga, Burundi. (Danilo Giannese/JRS)
Aunque el JRS cerrará sus proyectos a finales de este año, los otros participantes en el proyecto y yo mismo estamos preparados. Sabemos lo que tenemos que saber.
Bujumbura, 20 marzo de 2012 – A finales de 2012, el JRS cerrará sus proyectos en Burundi. Después de 17 años ofreciendo educación y apoyando la creación de medios de subsistencia, los antiguos refugiados ayudados por la organización están ahora en condiciones de mantener una vida independiente y digna con la esperanza de un mejor futuro. La de la familia de Pascal Ntirujimana es una de esas historias de esperanza y de relativa prosperidad.

La guerra terminó en 2005 y una relativa estabilidad volvió a Burundi. En respuesta, los proyectos del JRS evolucionaron para responder a los retos y dificultades a los que se enfrentaban los desplazados en este pequeño país africano sin mar. El JRS puso en marcha proyectos de seguridad alimentaria y de educación en las provincias de Rutana, junto a la frontera con Tanzania, y de Muyinga. Los esfuerzos se concentraron en ayudar a 13.000 familias burundesas retornadas desde Tanzania a reintegrarse en sus comunidades locales.

Pascal es un ex refugiado de 35 años, beneficiario de uno de los dos grandes proyectos de seguridad alimentaria del JRS en la provincia de Rutana, junto a la frontera con Tanzania. El otro proyecto está en la provincia de Muyinga. Pascal vive con su esposa y cuatro hijos en las colinas de Mugano, a pocos kilómetros de la ciudad principal, Giteranyi.

"Supe por primera vez del proyecto agrícola deI JRS, en 2010, a través de unos refugiados retornados que me dijeron que estaban aprendiendo nuevas técnicas para mejorar sus campos. Participar en el proyecto fue la mejor decisión que tomé jamás. De un kilo de alubias, pasé a cosechar 15 kilos. En el pasado mi mayor cosecha fue de cinco kilos.

Después de que me seleccionaran para participar en el proyecto del JRS, me dieron dos cabras a las que tenía que cuidar, alimentar y tratar en caso de enfermedad, por supuesto con el apoyo de los veterinarios del JRS. A cambio, tenía que construir un establo para las cabras y producir fertilizante para cultivar los campos.

Las clases de agricultura y ganadería me dieron nuevas ideas sobre cómo cultivar la tierra y cuidar a los animales. Mejoré las cosechas y eso hizo más fácil ganarme la vida para mi esposa y mis hijos. Aparte de alubias, también cosecho bananas, mandioca y tomates. Dado que ahora tenemos excedentes, vendo parte de lo que saco en el mercado y utilizo el dinero para comprar más cabras y pollos.

Antes de encontrarme con el personal del JRS, mi vida era muy difícil. Con el asesinato del primer presidente democráticamente elegido y el estallido de la guerra civil en Burundi, en 1993, me vi obligado a huir a Tanzania. Vivir como un refugiado fue una experiencia miserable. No me sentía en casa, y no podíamos alejarnos a más de cuatro kilómetros del campamento. Era como vivir en una prisión.

Los refugiados burundeses soñaban con volver a casa, pero la guerra lo hacía imposible. La mayoría sólo regresaron cuando la guerra terminó. Pasamos años en campamentos de refugiados. Sin embargo, decidí arriesgarme y regresar a un país, Burundi, devastado por la guerra. Abandoné el campamento en Tanzania en 2004. A pesar de los esfuerzos de mis amigos por convencerme de que no lo hiciera, yo quería regresar a casa.

Cuando alimentar a la familia era una dura tarea. Las condiciones de vida aquí eran muy duras. Yo tenía suerte porque contaba con un pedazo de tierra que aún podía cultivar; pero a menudo tenía que huir y ocultarme en el bosque por los combates. Incluso después de la guerra, yo era muy pobre. No tenía animales ni producía el alimento suficiente para mi familia, y perdí algunas cosechas por no trabajar la tierra adecuadamente.

Ahora eso ya no pasa. Tuve la oportunidad de reconstruir mi vida desde abajo y de asegurar un buen futuro a mis hijos. Aunque el JRS cerrará sus proyectos a finales de este año, los otros participantes en el proyecto y yo mismo estamos preparados. Sabemos lo que tenemos que saber".

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